Foto Florencia Goldsman/s21
Democratizar, tomar decisiones y acceder a la cultura son los términos más usados por los organizadores del Segundo Encuentro de Teatro del Oprimido que se realizará en Xela, del 20 al 30 de enero. Apalabrados con esas consignas, pero sin vaciarlas de contenido, Lorena Roffé y Stéphane Gué (los organizadores de la actividad) rescatan este tipo de teatro como una llamada a salir del discurso y pasar a la acción. Esa acción se materializa en la modalidad “teatro foro”, expresión principal del Teatro del Oprimido.
“Es un teatro que invita al protagonismo, a que las mismas personas que vivimos situaciones injustas seamos protagonistas en escena. Es un teatro de preguntas, no de respuestas”, señala Roffé. Las preguntas se plantean a través de una obra de teatro y el público tiene que responder, explica sobre un evento del que, estiman, se beneficiarán 800 guatemaltecos. La temática es clara y amplia: el teatro del oprimido apunta a terminar con las injusticias. “Entonces nuestro tema son los Derechos Humanos en todas sus formas”.
DESDE SAN PABLO LA LAGUNA HASTA PARÍS
Giovani Ixcayá (24) es actor de una obra de Teatro Foro y es oriundo de San Pablo La Laguna, uno de los pueblos con menos recursos económicos en la cuenca del Lago Atitlán. Sin embargo, cuando le preguntamos cómo se imagina dentro de 5 años no duda en apostar “en el Teatro Miguel Ángel Asturias o...¡en París!”. Los jóvenes artistas no demuestran que la escasez de recursos económicos les haga mella. Integrante del colectivo teatral
Luces Escondidas, creado en 2009 por jóvenes de La Cambalacha, una organización artística que formó a muchos jóvenes del lago durante los últimos ocho años. Lleva recorrido todo el Occidente del país con sus obras
Puerta cerrada, corazón abierto sobre derechos sexuales de los jóvenes y
Consejo de ancianos una obra sobre prevención de VIH-SIDA, coordinada por el
Proyecto Payaso de Quetzaltenango.
DEFENDER, NO SÓLO CONOCER
Los actores de
Luces Escondidas hallan que los frutos del trabajo con teatro-foro ya se ven en la comunidad. “En nuestras comunidades están apareciendo nuevas iniciativas de jóvenes que están viendo lo que hacemos y que a su vez crean nuevos pequeños grupos de arte, malabares, zancos y actividades en contra de la violencia y sobre derechos de la niñez. Antes era mucho más criticado el arte porque la comunidad no sabía lo que era, pero ahora sabe que a partir del arte puede empezar a defender y conocer sus derechos. Desde la niñez nos han metido el miedo por hacer cosas diferentes, pero ahora veo que la generación nueva entiende que tiene derechos y que puede ser rebelde”, señala Gaspar Ixcayá (22), de la misma agrupación.
De todas las artes que conocen, afirman los actores, la que más le convence es el teatro del oprimido: “lo que más nos sorprendió como grupo es lo que hacemos ahora: el teatro del oprimido. Porque sabemos que es una herramienta. Para nosotros el teatro es más fuerte que la música o la danza. Porque con el teatro estamos interactuando con el público y es lo que más nos gusta hacer”, confiesa.
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